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El acecho de la corrupción
2014-06-09 10:40:53 ||
Los problemas políticos que enfrenta el Gobierno son evidentes. Los síntomas de la interna entre los socios que lograron acceder al poder provinciano en el lejano marzo de 2011 son cada vez más notorios, y la posibilidad de escisiones que podrían ser letales para las pretensiones de continuidad comienza a cobrar visos de concreción imposibles de omitir. Los actores del culebrón podrán atribuir las conductas de sus adversarios a deficiencias éticas, a la ruptura de códigos, pero esto, aún si fuera cierto, no excluye el hecho de que el oficialismo no ha conseguido marcar diferencias de fondo con sus antecesores. Existe una continuidad conceptual entre el FCS y el FV que no se ha roto, continuidad que es perceptible para cualquiera que se tome el trabajo de ir más allá de los discursos difundidos desde Sarmiento y República. Tal es el problema esencial del Gobierno, y en él tiene una incidencia determinante la impresión generalizada sobre la corrupción. Ocurre que la prédica oficialista contra este vicio colisiona con las conductas. Se objeta al adversario lo que a los propios se tolera e incluso fomenta.
Esta semana, en la Cámara de Diputados, la oposición salvó del archivo un pedido de informes sobre la megalicitación de 1.300 viviendas sociales en el IPV, operada en una palmaria "cartelización” con las empresas constructoras. La maniobra fue denunciada por El Ancasti en 2012. El estrépito se acalló en corto tiempo. El kirchno-peronismo supuso que con cajonear el planteo opositor en la Cámara baja alcanzaría para el olvido, pero la dinámica política vino a desencantarlo.
Otros incidentes permanecen latentes, a la espera del estallido. Circulan las versiones y erosionan las ya desgastadas bases gubernamentales. Las señales aparecen. Son muchos los que las registran. Los voceros oficiales se hacen los zonzos. 
Puntas de iceberg
En la OSEP, por ejemplo, ese nido de corruptelas que produce titulares escandalosos en serie por la comprobada corrupción de sus estructuras, que la llevaron a la quiebra. Inquietan en los círculos más atentos del oficialismo los efectos políticos que podría tener el descubrimiento de un nuevo foco de mugre: las maniobras sospechosas con el dinero que la Nación destina para la compra de medicamentos genéricos, en una estructura burocrática creada específicamente para su administración. Se eslabonaría este enjuague con los ya conocidos de la compra irregular de medicamentos oncológicos o la gigantesca estafa con las órdenes "truchas”.
Se secuestraron en el Aeropuerto Felipe Varela 60 kilogramos de rodocrosita a punto de ser embarcadas para el contrabando. 60 kilos. Es inverosímil que semejante cantidad de piedra pueda traficarse sin una cobertura en la CAMYEN, firma que explota el mineral. Esta empresa, lanzada como si de un hito se tratara en la política minera provincial, se ha transformado en un lastre muy oneroso para el Estado, un cáncer. Lejos de producir las utilidades y beneficios que se postularon en su creación, genera gastos permanentes, con designaciones y contratos poco claros.
La Cámara de la Construcción, por su parte, acaba de revelar que el Gobierno le adeuda entre 300 y 400 millones de pesos. Este incidente exhibe la fisura en un frente que el Gobierno consideraba cerrado y resuelto: el vínculo con la corporación constructora. Es una relación semiprostibularia: amor rentado. La sintonía subsiste en tanto y en cuanto el flujo de dinero se mantenga.
Los empresarios son corresponsables de la situación que atraviesan. Advierten ahora lo irracional de haber asumido compromisos con el Gobierno sin considerar lo que implicaban: sostener sus costos a pesar de la falta de pago de la administración pública. Ahora tienen que pagar de su bolsillo a la espera de unos desembolsos que no pueden realizarse debido a los enormes costos fijos que el Gobierno tiene, pues la prioridad es el pago de los salarios de la administración pública. Y los deudores les señalan que ellos sabían al momento de firmar por las fortunas que esperaban embuchar el riesgo de una cesación de pagos si la economía no evolucionaba favorablemente. En el pecado la penitencia. Sin embargo, algunos consiguen hacer engranar los trámites, por razones cuyo misterio cede ante las sospechas de peajes.
Estrechamente vinculada con la interrupción de la cadena de pagos a los constructores está la ciudad-satélite planeada en parte de las tierras de "La Estancita”, compradas por el IPV a casi 20 millones de pesos en un proceso signado por las sospechas. El Gobierno querría tener ya en condiciones de entregar las primeras viviendas, pero carece de recursos financieros para dotar al predio de la infraestructura necesaria para hacerlo habitable. Los contratistas se niegan a avanzar con los trabajos sin garantías de que se les pagará, garantías que en esta coyuntura nadie en el Estado está en condiciones de darles. El Gobierno llegará a las elecciones de 2015 con la ciudad-satélite en veremos, salvo que se produzca un milagro y aparezca plata de la nada para acelerar los trabajos. Las presunciones sobre un fraude se asentarán en la opinión pública.
Otro flanco vulnerable se abrió con la compra de mosto a los productores del oeste por parte del Estado. La operación se realizó bajo sospechas de negociaciones oscuras con las bodegas y extrañas maniobras en las formas de pago.
Inercia
Los casos esbozados ganaron la calle sin necesidad de que la oposición hiciera esfuerzo alguno por plantearlos. Este es el dato más destacable: la impresión de que la corruptela estructural continúa rozagante no se nutre de denuncias, sino de la mera percepción social. Ya se han explicado las razones por las que el radicalismo devenido oposición no avanza sobre las vulnerabilidades oficiales por supuesta corrupción. Demasiados vínculos inconfesables se estrecharon en los tiempos donde el gobierno radical se reportaba a la Casa Rosada. Estas viejas relaciones carnales condicionan a los viejos socios: ni el Gobierno ni el radicalismo pueden profundizar las críticas por corrupción sin peligro de pisarse la cola.
La información recurrente sobre el aprovechamiento en todos los ámbitos institucionales de los recursos públicos y los resortes administrativos para beneficiar parientes, afectos y entenados clientelares y la repentina y notable prosperidad de muchos reconocidos referentes oficialistas completa con los indicios de corrupción una inercia que devenga enormes costos políticos al kirchno-peronismo. Simplemente: no hay cambio perceptible, sino una continuidad de las prácticas más deleznables de la politiquería vernácula.Nadie sabe si al menos contener esta sensación de impunidad es posible.
 
EL Ancasti
 
 
 
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